Tuna (Oviedo, Historia)
Texte espagnol
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Pues se ha dicho de los cardones ó çirios en el capítulo de suso, é primero dixe de otros cardos de las pitahayas, parésçeme que, como en lugar apropriado, es bien que se diga aqui de otros cardos que llaman tunas, é la fructa que echan tiene el mismo nombre. Y porque adelante, en el libro X, se dirá del árbol de las soldaduras, tened, letor, memoria destas tunas, porque tienen mucha semejança las hojas destos cardos con las del árbol que digo : ni estoy fuera de opinión que estos mismos cardos se convierten en aquellos árboles ; é ya que aquesso no sea, porque en la verdad la fructa es muy diferenciada, mas en la vista dan á entender que han algund debdo, por la semejança grande que se tienen en las hojas y en las espinas.
Estos cardos ó tunas llevan unos muy donosos higos (que es su fructa) largos é verdes, é algo en partes colorado por defuera el cuero dellos, é tienen unas coronillas hundidas, como las níspolas de Castilla. É de dentro son coloradas mucho, que tiran á rosado, llenas de granillos como los verdaderos higos, é assi es la corteça de aquesta fructa como la del higo, ó poco mas gruessa. Son de buen gusto é de buena digestión, é véndenlos en la plaça desta cibdad continuamente, por buena fructa. Los cardos en que nasçen, tienen las hojas algo redondas é muy gruessas y espinossas, é por los cantos y en lo llano dellas á trechos están sus fieras é enconadas puntas tres ó quatro ó mas juntas, y assi repartidas en su número en muchas partes essas espinas. Y es tan gruessa la hoja como la mitad ó tergera parte del gordor de un dedo de la mano de un hombre, é cada hoja es tan grande como una mano (abiertos é tendidos los dedos), é algunas menores, porque van cresçiendo, é de una hoja nasçen otras en los cantos, é de la otra otras, é assi se van arborando é levantando estos cardos ó tunas hasta ser tan altos como hasta la rodilla, ó tres palmos de altura, poco mas ó menos. Y en esta manera de se yr aumentando en la forma del cresçer, y en las mismas hojas y espinas, é en se yr convirtiendo las hojas en ramas, paresçen al árbol de las soldaduras que dixe de suso.
Llamé donosa esta fructa, porque comiendo çinco ó seys higos destos, es tal burla para quien nunca los ha comido, para le poner en mucho cuydado é temor de la muerte, sin aver en ello peligro alguno ; y como hombre que lo he probado, diré lo que me acaesció la primera vez que comí estas tunas : que en verdad yo diera quanto tenia por hallarme donde me pudiera consejar é confesar mis culpas, é comunicar espiritual é temporalmente lo que convenia á la salud de mi ánima é de mi persona é inquerir el remedio para la vida, y fué desta manera. El año de mill é quinientos é quinçe, viniendo yo de la Tierra-Firme á esta çibdad de Sancto Domingo, despues que me desembarqué en el fin desta Isla Española, viniendo por la provinçia de Xaragua, venían en mi compañía el piloto Andrés Niño é otros compañeros ; y cómo algunos dellos eran mas pláticos en la tierra que yo, é conosçian esta fructa, comíanla de buena gana, porque en el
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campo hallábamos mucha della. É yo començé á les haçer compañía en el manjar, é comí algunas dellas, é supiéronme bien ; y quando fué hora de parar á comer, apeámonos de los caballos á par de un rio, en el campo, é yo apartéme á verter aguas, é oriné una gran cantidad de verdadera sangre (á lo que á mí me paresçia), y aun no osé verter tanta quanta pudiera ó me pedia la nesçessidad, pensando que se me podría acabar la vida de aquella manera ; porque sin dubda creí que tenia todas las venas del cuerpo rompidas, é que se me avia ydo la sangre toda á la bexiga, como hombre sin experiençia de la fructa, é que tan poco alcançaba á entender la compusiçion é órden de las venas, ni la propriedad de las tunas que avia comido. É cómo quedé espantado é se me mudó la color por mi miedo, llegósse á mí el Andrés Niño (el qual fué aquel piloto que sé perdió después en la mar del Sur en el descubrimiento del capitán Gil Gonçalez de Avila, como se dirá en su lugar), el qual era hombre de bien é mi amigo, é queriendo burlar conmigo, díxome : « Señor, parésçeme que tenéis mala color. ¿ Qué tal os sentís ? ¿ Duéleos algo ? » Y esto decíalo él tan sereno é sin alteraçion, que yo creí que, condoliéndosse de mi mal, deçia verdad. Respondíle assi : « A mí no me duele nada ; mas daría yo mi caballo é otros quatro por estar en Sancto Domingo é çerca del licençiado Barreda, que es gran médico ; porque sin dubda yo debo de tener rotas quantas venas tengo en el cuerpo.» É dicho esto, él no pudo encubrir mas la risa, y porque me vido en congoxa (y á la verdad no era poca), replicó riyéndosse : « Señor, no temáis : que las tunas haçen que pensseis esso, y quando tornéis á orinar, será menos turbia la orina con mucha parte, y á la segunda ó terçera vez no avrá nada desso, ni avreís menester al líçençiado Barreda que decís, ni avrá causa que deys los caballos que agora prometíades. » Yo quedé consolado y en parte curado, aunque no del todo, hasta que entre los de la compañía vi que avia mas noviçios espantados de la misma manera, y que estaban en el mismo trabaxo. Y desde á poco vimos por la experiençia que Andrés Niño deçia la verdad ; é yo me hallé tan ufano como si oviera salido del mayor peligro deste mundo, porque nunca desseé morir con nombre de gula, ni como viçíoso : antes muchas veçes dexé de comer, teniendo grande nesçessidad, por no comer algunas cosas que he visto en estas partes que comían otros hombres.
Assi que, volviendo á nuestro propóssito, la burla y la fructa es mucho donayre, é no de poco espanto para quien no ha experimentado esta fructa de las tunas, de las quales en muchas partes desta isla están los campos llenos ; é con estos cardos vardan en esta cibdad las paredes de los corrales de las casas é de los huertos [Lámina 3.a, figura 11.a). É no dexan de dar allí sobre las tapias su fructa, echando primero unas flores amarillas é después las tunas, y prenden como grama, é son peores mucho que los cambrones de España é de mas enconadas espinas. En las otras islas de Sanct Johan, é Cuba, é Jamáyca he visto assi mismo estas tunas ó cardos y en otras islas, y es cosa común en estas Indias. Las hojas son verdes, é las espinas pardas, é la fructa qual tengo dicho. Quando la comen, tornan los labrios é las manos, en todo lo que alcança el çumo dellas, como lo suelen dexar las moras de Castilla, é tarda tanto en se quitar aquella color de donde se ha pegado, é aun mucho mas que la tinta de las moras. Esta fructa y aun el cardo en que nasçe, se llama comoho en la provingía de Veneçuela, é es mondándola como una mora : tiene buen sabor, é en aquella tierra los indios ha-
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çen vino desta fructa destas tunas ; pero este comoho es mas sabroso mucho que las tunas, y como es dicho es linaje de tunas, sino que son menores que las desta isla é mejor sabor. Y el vino ques dicho, es tinto, de la color de vino tinto de uvas.
Traduction française
J'ai dit que ce fruit est fameux, parce que le fait de manger cinq ou six de ces figues est une plaisanterie pour qui n'en a jamais mangé, qui cause un grand souci et la peur de mourir, alors qu'il n'y a aucun risque ; et comme je l'ai vécu, je dirai ce qui m'est arrivé la première fois que j'ai mangé de ces tunas : car en vérité, j'aurais donné tout ce que j'avais pour me trouver n'importe où et pouvoir être conseillé et confesser mes fautes, et savoir spirituellement et temporellement ce qui convenait au salut de mon âme et de mon corps et demander le remède pour ma vie ; voici ce qui s'est passé. L'an 1515, en arrivant de la Terre-Ferme à la ville de Saint-Domingue, après avoir débarqué au bout de l'île d'Hispaniola, et en traversant la province de Xaragua, le pilote Andrés Niño et d'autres compagnons venaient en ma compagnie ; et comme certains étaient plus familiers que moi de cette terre, et qu'ils connaissaient ce fruit, ils le mangeaient volontiers, parce qu'on en trouvait beaucoup dans la nature. Et je commençais à les accompagner en en mangeant quelques-unes, et je leur ai trouvé bon goût ; et quand fut arrivée l'heure de s'arrêter pour manger, nous avons laissé les chevaux près d'une rivière, dans la nature, et je me suis isolé pour pisser, et j'ai uriné une grande quantité de vrai sang (c'est ce que je croyais), et encore je n'ai pas osé uriner tout ce que je pouvais ou qui était nécessaire, pensant que je pouvais terminer ma vie de cette manière ; parce que j'étais sûr que toutes les veines de mon corps s'étaient ouvertes et que tout mon sang était parti dans la vessie, comme un homme sans expérience du fruit, et qui n'arrivait à comprendre ni la composition et l'arrangement des veines, ni la propriété des tunas que j'avais mangées. Et comme je restais effrayé et que j'avais blêmi de peur, Andrés Niño [...], qui était un homme de bien et mon ami, s'est approché de moi, et me dit en plaisantant : « Monsieur, je trouve que vous avez un mauvais teint. ¿ Comment vous sentez-vous ? ¿ Avez-vous mal quelque part ? » Et il disait cela d'une manière si calme et sans sourciller que je croyais qu'il disait la vérité en me plaignant. Je lui répondis : « Je n'ai mal nulle part ; mais je donnerai mon cheval et même quatre autres pour être à Saint-Domingue près du licenciado Barreda, qui est un grand médecin ; parce que toutes les veines de mon corps sont certainement ouvertes. » Après que j'ais dit cela, il ne put s'empêcher de rire, et comme il me voyait angoissé (ce qui n'est pas peu dire), il me répondit en riant : « Monsieur, ne craignez rien : ce sont les tunas qui font que vous pensiez cela, et quand vous urinerez une nouvelle fois, l'urine sera moins trouble, et la seconde ou troisième fois, il n'y aura plus rien, et vous n'aurez pas besoin du licenciado Barreda que vous dites, et vous n'aurez pas de raison de donner les chevaux que vous avez promis. » Je restai consolé et en partie soulagé, mais en partie seulement, jusqu'à ce que je constate que dans notre groupe, d'autres novices étaint effrayés de la même façon et avaient le même problème. Peu après, nous vîmes d'expérience qu'Andrés Niño avait dit vrai ; et j'en ai été aussi fier que si je m'étais sorti du plus grand péril au monde, parce que je n'ai jamais souhaité mourir de gourmandise ou de vice : au contraire j'ai souvent cessé de manger, alors que j'en avais besoin, pour ne pas manger des aliments que j'ai vu d'autres hommes manger en ces lieux. (trad. Michel Chauvet)